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En Las Trincheras la gente busca salud y belleza

EL NACIONAL - VIERNES 21 DE JULIO DE 2000

VIDA

Manantiales de fe corren por Las Trincheras

Las virtudes de las aguas termales del estado Carabobo ya no se apoyan en leyendas indígenas y curaciones milagrosas. Ahora las historias son otras: las de hombres y mujeres de todas las edades que buscan alternativas para eliminar afecciones de la piel, alergias, problemas ginecológicos y de los huesos, "botar el estrés" y salir de allí hermosos y reconfortados interiormente. En ese bosque magnético, donde muchos reconocen haberse acercado a Dios, los visitantes disfrutan de los beneficios de hidroterapias, lodoterapias y masajes estéticos en un spa al aire libre y a prueba de todos los bolsillos

CHEFI BORZACCHINI

Dora Katz observa a Julia Velásquez, la chama, quien muestra cómo sus manos se ha curado con las aguas de Trincheras

La hidroterapia sirve para combatir las várices
y eliminar celulitis


La lodoterapia otorga lozanía a la piel

A Quienes sufren de afecciones respiratorias y alergias
pueden hacer vaporterapia


Guadalupe Pérez realiza ozonoterapia, moxibustión y masajes relajantes

Tres mujeres, tres vivencias

Dora Katz devora con auténtico apetito un pedazo de queso telita, una galleta de soda, un poco de mermelada y complementa con un te. Luce una figura cuidada y la exhibe con orgullo. Es complicado calcular su edad y, más difícil aún es imaginar que es abuela de 4 pequeños, trabaja como traductora de publicaciones científicas y documentos oficiales y privados y, además, es ama de casa. Ella revela su historia y sirve de guía por el Centro Las Trincheras.

"A los 31 años me diagnosticaron osteoartritis degenerativa. El médico fue muy claro: aplicaremos los mejores tratamientos pero con el tiempo quedarás en una silla de ruedas. Tenía a mis hijos y me propuse luchar. Hice dietas, seguí al pie de la letra los tratamientos, viajé hasta el mar Muerto. Pero hace aproximadamente 8 años que vengo a Las Trincheras y me siento feliz y en paz. Mi enfermedad se detuvo y doy gracias a Dios todos los días".

Dora cuenta un caso emblemático de Las Trincheras: la sanación (vista por todo el personal que allí labora) de Giovanna Ballo, una inmigrante italiana que llegó a Las Trincheras para morir. Esta mujer menuda y elegantemente vestida da fe "del milagro que el doctor José Gregorio Hernández" hizo en ella.

"El especialista de una reconocida clínica en Caracas verificó que el cáncer del hígado estaba muy avanzado y que ya no había esperanzas. Vendí todo, arreglé mis cosas, doné todo mi cuerpo a la UCV y me fui a Las Trincheras. Cuando llegué aquí le entregué al señor Villaró una carta en la que le indicaba todo lo que debía hacer una vez que yo falleciera. Los días pasaron y mi barriga crecía, mi apariencia era horrorosa, parecía un monstruo con un estómago enorme y, además, me puse muy malhumorada. Un día bajé a la piscina pública y una persona, a quien ni miré, se me acercó y me dio una estampita del doctor José Gregorio Hernández. Subí a la habitación, me puse los lentes y leí bien la oración y cuando terminé algo sucedió dentro de mí: yo había decidido que quería curarme, había decidido vivir. Comencé yo misma una terapia constante de baños, ingería todo el día las aguas calientes, mi hígado despertó y aquí estoy, con más de 70 años de edad. Vivo feliz en Trincheras, el paraíso que los venezolanos no saben que tienen".

Para rematar los miles de casos de curaciones y mejorías que se conocen en Las Trincheras, no hay mejor espejo que el de Julia de Velásquez, una señora de 91 años, 8 hijos, nietos, bisnietos y a punto de tener tataranietos, y a quien todos en Trincheras llaman la "chama", por su carácter jovial y su trato amistoso.

"Estas, hija mía, son las aguas salvadoras, son aguas benditas que Dios le ha regalado a los venezolanos para que sanemos. Mírame a mí: no me duelen más los huesos, ya no sufro de artritis, como de todo y se que voy a cumplir muchos años más".

Allí permanece todavía la tina donde Juan Vicente Gómez se daba "baños de asiento" para curar su mal en la próstata. Por los pasillos del viejo hotel, que mandó construir en 1927, aún se puede sentir un pasado colmado de historias de sanaciones y milagros. Cuentan que mucho antes de que el general diera fe de las propiedades medicinales de las aguas termales de Las Trincheras, fueron las comunidades indígenas y algunos de su líderes -Guaicaipuro y Tamanaco, entre otros- quienes encontraron en esos riachuelos salud, fuerza y vigor.

Sin embargo, el primero en medir la temperatura de los manantiales de Las Trincheras fue el barón Alejandro de Humboldt, en 1800. En su libro Viaje a las regiones equinocciales, cuenta que la temperatura oscila entre 38 y 93 grados centígrados. Posteriormente, investigadores locales y extranjeros, realizaron mediciones comparativas con termas de otros países: después de las termas de Hakone, en Japón (que alcanzan los 100 grados centígrados), las del estado Carabobo son las segundas en calidad y más altas temperaturas en el mundo. No son pocos los venezolanos y visitantes foráneos que han disfrutado de los beneficios de las aguas que brotan de la montaña y de los densos vapores que se escapan de las grietas que hay en el lugar. Por su composición físico-química (altas temperaturas, ricas en minerales como bicarbonato, sodio, flúor, sílice y radioactivas no nocivas) las aguas de Las Trincheras son utilizadas en diversas terapias (reumatismo, piel, ginecología), según recomendaciones médicas.

Con el aumento del estrés y de la contaminación ambiental, la popularidad del Centro Termal Las Trincheras ha crecido también. Pasó de lugar para ancianos y enfermos a uno de descanso, sencillo y al alcance de todos los bolsillos, visitado por hombres y mujeres de todas las edades que buscan desintoxicarse y disfrutar de los beneficios de tratamientos anti-estrés, masajes, sauna, baños de vapor y nuevas técnicas para eliminar celulitis, estrías, arrugas y mejorar la apariencia física.

Carlos Villaró, gerente del Centro Termal Las Trincheras durante más de 15 años, habla con satisfacción y orgullo de los cambios que se han producido: un spa cerrado con variados servicios (incluye desde reflexología y mesoescultura hasta pedicure); una nueva ala de habitaciones (que siempre están reservadas por lo menos con 15 días de antelación y a precios muy accesibles) y un personal paramédico y especialistas en salud y belleza. El balneario de Las Trincheras cuenta con 4 piscinas, cuyas temperaturas varían entre 35 y 52 grados centígrados; dos pozos para lodoterapias (con temperaturas entre los 42 y 60 grados, indicadas para combatir el acné, las várices y para fortalecer el busto); un área de chorros para hidroterapias (ayudan a eliminar celulitis y la flacidez de la piel); área de vaporterapia (recomendada para afecciones respiratorias y alergias), y saunas para hombres y mujeres.

Más allá de todos los beneficios que especialistas en medicina tradicional y terapias naturales le atribuyen a esas aguas, está la virtud más importante de Las Trincheras: es un lugar de una singular belleza natural y una atmósfera especial, por lo que muchos dicen "Dios nació en Trincheras".

 

Secretos para la renovación

1) Planifique con tiempo su "huida secreta" a Las Trincheras. La terapia anti-estrés comienza por llevar poca ropa, cómoda y sencilla (indispensable traje de baño y una gran bata con la que seguramente andará todo el día). No olvide algún producto especial para el cabello, una buena máscara cosmética y otra humectante. Zapatos cómodos y sandalias.

2) Si va por un día, llegue muy temprano (8:00 am, es buena hora). Antes de darse el primer baño vaya a la enfermería y pida que le tomen la presión arterial. Relájese en las aguas de menor temperatura y no intente nadar ni realizar movimientos bruscos, está contraindicado. Cada baño no debe durar más de 10 minutos y si usted siente un leve mareo, descanse. Estas aguas están contraindicadas para embarazadas, hipertensos y cardiópatas.

3) Tome agua, mucha agua, jugos de fruta o si prefiere té. Es hora de desayunar. Sentirá buen apetito después de ese baño madrugador. Pero no coma en exceso, recuerde que la idea es desintoxicarse y es preferible andar con el estómago liviano.

4) Repose el desayuno, camine, contemple los árboles, respire profundo, descubra los rincones de Las Trincheras y reserve su turno para la hidroterapia, lodoterapia, masajes, un tratamiento de moxibustión o una limpieza de cutis (haga estos tres últimos tratamientos con Guadalupe Pérez, una especialista con manos de oro).

5) Ya está preparado para su segunda tanda de inmersiones en las "aguas salvadoras" que debería alternar con 7 u 8 minutos en el sauna ( puede aplicarse una mascarilla para proteger el cabello de la resequedad). Siga alternando baños y sauna. Ya para el mediodía usted estará adaptado, relajado y fascinado por darle a su cuerpo y a su espíritu las atenciones necesarias. No tarde en tomar su almuerzo (puede comer en el restaurante del hotel o continúe con una dieta suave, rica en líquidos).

6) A media tarde podrá hacerse el masaje que seleccionó. Si no, tome otro baño corto en alguna de las piscinas. Si regresa ese mismo día a su hogar hágalo temprano para que llegue a dormir feliz y contento, y no olvide comprar los excelentes jabones de lodo. Si se hospeda en el hotel (el tour que organiza José Mendoza -teléfono 016.836.23.97- sale los viernes, regresa los domingos y es un todo incluido) puede tomar una ducha fría, caminar y disfrutar del atardecer. Cuando llegue la noche, contemple los vapores que emergen de los diferentes pozos y piscinas (son un espectáculo). Cene liviano. Si le provoca, cierre la jornada al contemplar la luna y las estrellas, metido en una de las piscinas (se puede bañar hasta pasadas las 10:00 pm) y ofrezca las gracias a Dios por haberle permitido vivir un día maravilloso. Dormirá como un ángel y al día siguiente todos le preguntarán: "¿qué te hiciste?"

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